Los cambios constantes generados por las nuevas tecnologías ( Internet, móviles, e-mails, redes sociales, teletrabajo, robots, etc. ) están ya generando problemas a las personas y a las organizaciones ante la necesidad de adaptar sus vidas a estos nuevos requerimientos, aunque también oportunidades,  y por tanto también a los trabajadores que en su labor diaria deben utilizar esta diversidad de elementos que se engloban bajo el concepto de Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs)

Es en este escenario en el que cobra sentido el concepto  «Tecnoestrés», entendido como un impacto negativo, que en forma de patología,  es causado por la dificultad de adaptación por parte de sus usuarios al uso de las nuevas tecnologías.

Marisa Salanova, Catedrática en Psicología Social (especialidad Psicología Positiva Aplicada al Trabajo y las Organizaciones) de la Universitat Jaume I de Castellón, entiende el tecno estrés como:

” Un estado psicológico negativo relacionado con el uso de TIC o amenaza de su uso en un futuro. Ese estado viene condicionado por la percepción de un desajuste entre las demandas y los recursos relacionados con el uso de las TIC que lleva a un alto nivel de activación psicofisiológica no placentera y al desarrollo de actitudes negativas hacia las TIC

Según el INSHT el tecnoestrés tiene 3 manifestaciones básicas:

  • La tecnoansiedad, donde la persona experimenta altos niveles de activación fisiológica no placentera, y siente tensión y malestar por el uso presente o futuro de algún tipo de TIC.
  •  La tecnofatiga, que  se caracteriza por sentimientos de cansancio y agotamiento mental y cognitivo debidos al uso de tecnologías, complementados también con actitudes escépticas y creencias de ineficacia con el uso de TICs.
  • La tecnoadicción, debida a la incontrolable compulsión a utilizar TICs en “todo momento y en todo lugar”, y utilizarlas durante largos períodos de tiempo.